El día de hoy tocaremos un tema que es difícil de interpretar para quienes jamás lo han sentido y enfrentar para quienes lo han sufrido. La pérdida de un ser querido.

¿Cómo un acto puede hacernos decaer en instantes o arrebatarnos parte de nuestras vidas?

La muerte es algo que existe en la naturaleza humana, sin embargo, es más complicado aceptarlo cuando esto ocurre por sucesos que nosotros no hemos decidido. Pérdidas inesperadas existen a todas horas alrededor del mundo y lo que más hace dolorosa la experiencia es estar cargando con la idea de que no se tuvo el momento para despedirse de él o ella.

 

Existen distintas formas de sobre llevar este sentimiento de pérdida, incluso en algunos países se recuerdan a los que ya no yacen con nosotros en ciertos días; pero en un lugar del mundo existe un pequeño lugar que está abierto al público y para aquellos que quieran hablar con sus seres queridos una vez más.

Es una cabina telefónica, su nombre es kaze no denwa en japonés que su traducción al español sería: Teléfono del viento. Donde hay un teléfono fijo y a lado de ella se encuentra una libreta con un bolígrafo; dicho teléfono tiene una característica muy peculiar la cual es que este no tiene línea o señal alguna.

Itaru Sasaki es un trabajador retirado, el construyó el teléfono del viento después de que falleció su primo al cual quería mucho. Sasaki tuvo una fuerte depresión cuando su primo murió, fue un suceso difícil de creer y aceptar; Sasaki extrañaba mucho a su primo, deseaba tener un momento para hablar con él a pesar de que el ya estuviera muerto.

El se acercaba a la cabina que construyó en su jardín para hablar con su primo, incluso sabiendo la situación; sabía que nadie podía oírlo, pero esperaba que hablar dentro de la cabina le ayudara a sobrellevar su profunda tristeza.

Mis pensamientos no podían pasar por las líneas telefónicas regulares. Así que quería que fueran llevados por el viento.

Sasaki era el único que tenía acceso a la cabina telefónica en aquel entonces cuando fue construida. Cuando se sentía triste, visitaba la cabina, le hablaba a su primo y le contaba como se sentía, eso lo reconfortaba. Sin embargo, dentro de un tiempo algo terrible iba a ocurrir:

En marzo de 2011 un terremoto sacudió a la nación nipona y sus costas. No fue cualquier terremoto, sino uno de los más fuertes jamás registrados en más de un siglo. El desastre natural causó muchos daños, incluso ocasionó un tsunami que acabaría con estrellarse en las costas y así destruir hogares y muchas vidas.

Para los habitantes de Otsuchi fueron tiempos difíciles, muchas personas intentaron reconstruirla, otros decidieron abandonar el pueblo; la mayoría de los habitantes habían perdido a sus seres queridos, solo quedaban los recuerdos dolorosos del momento de la pérdida. Sasaki sabía lo difícil que era tratar con esos sentimientos, miró a mucha gente combatiendo contra la tristeza que cargaban tras lo sucedido en el tsunami. Así que les contó sobre sobre su teléfono del viento; dejó que la gente se acercara y entrara a su jardín para utilizar el teléfono, después decidió introducir una libreta. Unas personas hablaban, otras no querían, simplemente escribían sus sentimientos en la libreta.

Al principio el teléfono era visitado por pocas personas, pero más adelante la gente escucharía sobre el teléfono del viento de Sasaki y comenzarían incluso hasta viajar desde otras ciudades de japón para visitarle y así convertirlo en un lugar especial donde los japoneses lo visitan de vez en cuando para hablar con sus seres queridos.

Hasta la fecha, este lugar sigue estando abierto para todo aquel que desee introducirse dentro de la cabina y compartir sus pensamientos a la línea que te ayudará a que se los lleve el viento y lleguen a quienes ya no yacen en cuerpo, sino en esencia.

Escribe: Efraín Alduenda

Soy egresado de UABC, de la Facultad de Pedagogía e Innovación Educativa. Además de ser un soñador, soy amante de la literatura, el arte de enseñar y los videojuegos. Nací en Mexicali, Baja California y disfruto hacer entradas en blogs, además escribir todo lo que se me venga a la mente para después, compartirlo con mis lectores. Ser un soñador consiste en jamás abandonar tus metas hasta que estas sean palpables.