En noviembre de 1972, Lena Forsén, una modelo sueca de 21 años, posó para la portada de Playboy con un sombrero de plumas y una mirada enigmática. Un año después, su rostro —recortado de hombros para arriba— se convirtió en un ícono científico. Investigadores de la Universidad de USC buscaban una imagen con texturas complejas para probar algoritmos de compresión. Un estudiante llevó la revista, escaneó el fragmento y así nació «»Lenna»», la imagen que revolucionó tecnologías como el JPEG. Durante décadas, el 90% de los estudios usaron su rostro, aunque Lena ignoraba su fama en laboratorios.
La polémica llegó en los 90: ¿por qué la ciencia usaba una foto de Playboy? Lena lo supo en 1997, cuando ingenieros la invitaron a conferencias. «»Soy la Mona Lisa de la tecnología»», bromeaba. Pero en 2018, revistas como Nature pidieron retirarla por perpetuar estereotipos en STEM. Hoy, su legado divide opiniones: ¿es un hito técnico o un símbolo de una era que debe evolucionar?
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